El invierno llega para confesarte.

Empecemos por explicar que el invierno se ha colado en los pulmones del verano y lo ha dejado congelado.

Aprovechando su inmovilismo se empeña en vestirle con guirnaldas y luces navideñas, llenarle la boca de polvorones y hacerle bailar al son del arre borriquito.

De esta guisa anda el sol y por mucho que se empeñe en despojarse de tanto adorno solo consigue un respiro cuando la lluvia, siempre aliada, le descongela el soplido por unas horas.

El invierno es un cachondo que no sabe ponerle fin a sus bromas, que siempre duran demasiado y siempre tienen consecuencias.

No debería pedir perdón por ser invierno, a pesar de todo, que ya sabemos que nadie es imprescindible pero todos tenemos una misión que cumplir.

Explicado esto, quiero decirte que acabo de hacerme un té verde con jengibre y naranja, y esperando a que se enfríe para darle el primer sorbito, me he acordado de que hace muchos días que no miro mi agenda. No creas que me resulta fácil contarte esto, la verdad es que siento un poco de vergüenza.

No tanta como para seguir mintiendo y sosteniendo esta pose de organizada, ni tan poca como para contarte que en realidad ni agenda, ni notas, ni planificadores semanales o diarios, ni alertas en el calendario del móvil, ni nada de nada que me recuerde mis mil obligaciones.

Para serte del todo sincera, te diré que no tengo ni reloj,  y que para saber que día es tengo que mirar el teléfono.

Esto no me hace del todo feliz y alguna que otra vez, he considerado seriamente la posibilidad de volver a nacer para ver si en el reparto me toca otra cabeza más organizada. Pero por el momento esto es así, y yo ando de jipiloca por la vida, sin acordarme de nada, y dando grititos cuándo de repente me acuerdo de que tenía algo importante.

Todo lo que tengo de jipiloca lo tengo de afortunada, por eso, siempre o, casi siempre, me acuerdo de lo que sea por lo menos dos minutos antes y me da tiempo de improvisar un suspiro, un lamadrequeteparió, un yatevalebonita, un eslaúltimavezquenospasaesto, si si, en plural, porque lo que no te he contado es que yo me hablo a mi misma como si fuera otra.

Lo explico bien que no quiero verte llegar con la camisa de fuerza.

Lo que digo, es que me hablo como si fuera una madre que le dice a su hija aquello de: a ver si nos centramos, madura un poco rica, organízate, así no vas a ninguna parte, y toda esa retahíla de consejos y advertencias que no suelen funcionar, pero que son su obligación, bueno, la mía, joder que lio me he hecho, espero que me hayas entendido.

He hecho algunos cursos y comprado algunos métodos de organización, pero nada ha funcionado. Y es curioso porque la gestión del tiempo es lo mío, y también parte de mi trabajo. Y no es eso de que en casa del herrero cuchillo de palo, no, es que lo mío es más de organizar la vida por emociones. Y la emoción que me produce tener el tiempo contado es de miedo, horror, tedio y desesperanza.

El mío no es un método perfecto pero es mi manera de vivir.

Por si se diera la casualidad de que eres una jipiloca como yo, te lo dejo aquí apuntado y ya me cuentas, si quieres, lo que te ha parecido.

Tengo notas de voz para casi todo y me lo cuento de la siguiente manera:

Sandra, bonita, el día taitantos a las tal, tienes una sesión con X.

Sandra, preciosa, tienes que llamar a Y.

Sandra, bella, revisa el correo que tienes algunos emails por responder.

Sandra, amor de mis amores, no hagas pereza que tienes que ir a hacerte las cejas que pareces un señor de Bilbaó.

Sandri, cariño mío, escribe en la agenda, por favor.

Luego le digo al teléfono que me lo recuerde.

Si lo que estás pensando es que me he convertido en mi secretaria, es verdad, lo he hecho. Una secretaria muy madre que siempre me recuerda las cosas pendientes con mucho cariñito, ¡qué hablarse bien es very important!

El otro día le decía a mi nueva hada madrina (que es una de esas personas que te encuentras por las redes y que tiene todos los ingredientes para convertirse en coachamiga) que a mi la creatividad se me acaba cuando todo está en orden. Que yo soy como esos niños que después de tirar todos los juguetes por el suelo de la habitación, juegan con la caja, convirtiéndola en una nave espacial, un refugio de tortugas en peligro de extinción o un baúl mágico que te concede deseos.

Mi orden es el desorden.

Esto no pretende ser un sandriconsejito, pero sé creativa. Si has probado muchas cosas y nada te funciona, invéntate la tuya.

Las ideas son las que cambian el mundo, que no se te olvide.

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